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martes, 30 de agosto de 2011
martes, 18 de enero de 2011
Insomnio II
3 a.m.
La lluvia hace mella afuera, despierto susurrando el nombre de un amigo desaparecido en la niebla del pasado. No recuerdo luego su apellido. Apenas su sonrisa, y me levanto.
Doy vueltas por la casa a oscuras, el gato pide su leche, mi perro me mira desde el patio, sigue la lluvia.
Lo unico que nos queda es el sonido sedante de la llovisna nocturna para volveros a alejar en lo que llamamos sueño. Pero ni un porro nos calma, el rostro del amigo sigue apareciendo, inisto en recordar sin suerte su nombre completo.
15 años que no nos vemos. 15, que es toda una vida. 15 los años de una novia muerta. 15 las monedas en mi bolsillo. 15 años y no sé nada de él.
Maldito yo por olvidar su nombre, por no ir tras su pista, por creerlo muerto, me digo, y fumo y fumo y me salgo a la calle, y me mojo entero.
Maldito yo por seguir vivo, maldita ella cuando se cortó las venas, con apenas 23 años, maldito él por desaparecer tras un ideal que no fue mas que eso...
Y maldito el pito de marihuana por acabarse entre mis uñas sucias, y mi guitarra por negarse a cantar a estas horas...
Maldito el insomnio.. por obligarme a despertar.
La lluvia hace mella afuera, despierto susurrando el nombre de un amigo desaparecido en la niebla del pasado. No recuerdo luego su apellido. Apenas su sonrisa, y me levanto.
Doy vueltas por la casa a oscuras, el gato pide su leche, mi perro me mira desde el patio, sigue la lluvia.
Lo unico que nos queda es el sonido sedante de la llovisna nocturna para volveros a alejar en lo que llamamos sueño. Pero ni un porro nos calma, el rostro del amigo sigue apareciendo, inisto en recordar sin suerte su nombre completo.
15 años que no nos vemos. 15, que es toda una vida. 15 los años de una novia muerta. 15 las monedas en mi bolsillo. 15 años y no sé nada de él.
Maldito yo por olvidar su nombre, por no ir tras su pista, por creerlo muerto, me digo, y fumo y fumo y me salgo a la calle, y me mojo entero.
Maldito yo por seguir vivo, maldita ella cuando se cortó las venas, con apenas 23 años, maldito él por desaparecer tras un ideal que no fue mas que eso...
Y maldito el pito de marihuana por acabarse entre mis uñas sucias, y mi guitarra por negarse a cantar a estas horas...
Maldito el insomnio.. por obligarme a despertar.
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poemas
jueves, 13 de mayo de 2010
Insomnio
Tratar de recrear los sueños molestos que me han hecho despertar de golpe a esta hora de la madrugada (03:05 a.m.) no es nada agradable. A horas del pago del mes y sin nada que beber para aguantar las horas que quedan para salir de la cama y emprender de nuevo el viaje a un laburo que a ratos se vuelve insoportable por lo largo (casi 10 horas diarias) no me queda mas que conformarme con echar una mirada a los diarios de internet y mirar la pantalla de la t.v. vacía, sin nada que distraiga ni que entorpezca la mente o la canse. De dormir de nuevo, solo las esperanzas.
La hora del insomnio volvió y quizás para quedarse. Hace años creí haber vencido a este enemigo bendito pero ha vuelto como un perro sin amo a mi lado para demostrarme que lo que soy realmente no ha muerto ni menos ésta dormido. Soy un escritor, eso me lo recuerda, un escritor que merece la maldición del insomnio crónico y de un invierno que hiele las horas de ida y venida del trabajo a la casa. Soy un escritor de las horas a oscuras, del jazz a media luz y de mi pipa encendida. Y por mas que intente ser otro, o fingir ser otro, la realidad es mas fuerte que la ficción de la vida real.
El insomnio es por ende parte mía, tanto como mis lentes, mis novelas, mis comics y mis putas de papel fotográfico. No puedes negar lo que eres, y en todo caso no lo he hecho nunca. Simplemente lo había ido olvidando en la rutina de los días de trabajo que no acaban, en las horas de pega en que te sumergen la cabeza en conceptos que no son tuyos para lavarte el cerebro con cosas como la moral, la patria y esas mierdas. Trabajo en lo que trabajo por la plata, nada mas. A veces uno pierde el horizonte en ésta pega. Con tantos “genios” hablándote huevadas a la cara terminas adormeciéndote y creyendo sus mentiras de la patria, la bandera y los himnos. Nada de eso soy yo. La necesidad tiene cara de hereje, y en este caso es verdad, mas que verdad, es un hecho.
De vez en cuando debo recordármelo pese a tener a mi alrededor una pila de libros, comics y playboys, pese a tener un montón de cds, dvds y vinilos con música de verdad rodeándome. Debo mirar a ese del espejo y olvidar un rato el uniforme del trabajo, las malas caras y lo demás. Antes que todo estoy yo, eso es lo importante. No soy un ente, no soy una pieza de un engranaje donde no importa si estoy o no. Soy alguien, no algo, y esa conciencia de individualidad que tratan de quitarnos día a día es lo que aun no pierdo. Si en algún momento lo olvido no es mas que momentáneo alzaimer laboral. Un ente. Un engranaje. Eso dicen estos “genios” que con su mucho tiempo libre, sus buenos sueldos, sus oficinas con calefacción y sillones caros, con secretarias, chofer y casa pagada por el gobierno quieren que uno crea. Ellos que visten con ropa que pagamos los que trabajamos, ellos que no saben cuanto vale un litro de bencina, ellos que no deben levantarse a las 4:30 para ir al trabajo ni menos tienen idea lo que es estar a la intemperie 3 o 4 o hasta 5 horas con una temperatura de -3 grados. Ellos, los que exigen pero nunca han cumplido. La “clase dominante”, los patrones del fundo, los hijos de puta…
El insomnio saca lo mejor de mi. Se ha visto antes y se ésta volviendo a ver ahora. No importa si no tengo nada que beber para pasar las horas, estoy vivo, respiro y escribo. Es lo que soy lo que importa. Es lo que pienso lo que importa.
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viernes, 6 de noviembre de 2009
La espera del hijo… (extracto)
Y que te veías linda con esa pancita, con esa carita añoroza, mirando las cositas de bebe, esperando la próxima ecografía, ¿te acuerdas? Había como más luz, como más tiempo libre para abrazarnos, para acostarnos, para conversar de cómo le pondríamos, de cómo iba a ser, de que se demoraba tanto en pasar el tiempo…
Te veías tan bonita, tan contenta esos días, y pintamos la casa, y arreglamos una pieza, sin colores aun, porque no sabíamos a esa altura si era machito o hembra lo que venía...
Te reías todo el día, andabas siempre cansada, pero reías aun cuando debías ir al baño a cada rato, que la incontinencia, me decías, que el bebé ésta ocupando toda la pancita y aprieta todos los lugares, decías.
Me gustaba llegar a casa aunque fuera a cambiarme de ropa para partir de nuevo a la pega, eran días duros, pero el olor del hogar y tu risa lo alegraban todo…
Rompiste la guitarra un día, no la viste y la pasaste a llegar, estabas llorando ese día, por la guitarra, que me iba a enojar, pensabas, que qué ibas a hacer, pero no pude más que reírme, era una guitarra vieja, lo importante era que estabas bien, y te reíste, y tomamos unas fotos, y salimos esa tarde a buscar la cunita y el resto del ajuar para el bebé.
Llegó el día de saber que era, machito o hembra, y tu no querías que entrara contigo, y el doctor te dijo que no importaba, pero al final igual entre, y recuerdo los sonidos de la maquina esa, pasando por tu barriguita, y tu risa nerviosa cuando escuchamos el corazón del bebé, y el médico apunta a la pantalla, y nos dice “es un niñito, ¿ven? Ahí se notan sus genitales”, y te pusiste a llorar, y yo casi, casi, porque me tuve que aguantar, y volvimos a casa inventándole nombres, imaginándonos su rostro, si seria feo como yo, de mal carácter como tú, o si acaso le importaría a él todo eso, cuando lo único importante era que estaba sano, y era fuerte. Tanto que costó que llegara, tantas pruebas de mierda, de esas que dan rabia, pero estaba ahí, vivo, alegre, pateando como Chuck Norris a tu barriguita. Y cómo nos divertíamos hablándole, poniéndole música, contándole cuentos, y yo le hablaba mientras tu dormías, que vas a ser un campeón, le decía, un hermoso demonio como nosotros dos, porqué se sabe, lo más lindo es lo que más cuesta conseguir, y cresta que nos costó que llegara él… que apareciera en tu barriguita, que empezara a crecer, y te cantaba canciones, ella te tejía ropita celeste…
domingo, 4 de octubre de 2009
La bella del metro
Ido, metido en mi música, de pronto noto subir al vagón a una dama, una señorita muy bien vestida, con una de esas ropas como de oficinista, no, era como de jefa de oficinistas, o de secretaria de alto ejecutivo, un traje muy bien hecho, muy fino, muy a su medida perfecta, y ella se pone frente a mí, yo oigo la música, ella no me mira, nadie me mira en realidad, estoy metido en lo mío, como siempre, oyendo a Slayer, odiando al mundo, la miro, miro a la que esta mas allá, porque hace rato que estoy solo, que estoy libre, que no abrazo a nadie, que nada de nada, y la miro. Ella no se fijaría en mí, no soy de su tipo, que seguramente es un tipo ejecutivo, un ingeniero, un abogado, un médico, uno de esos, el vagón esta repleto, hace una calor infernal, pero no me importa, tengo frío, hace rato que tengo frío, hace rato que la miro y me mira de reojo y me hago el tonto porque seguramente no me mira a mí, sino lo que hay allá afuera del vagón del metro, los carteles de las estaciones que pasan y pasan, la gente que entra y que sale y que se amontona y nos aprieta, ella se afirma, yo no, porque voy apoyado en la puerta que da al lado que no se abre del vagón. El metro para, gente que baja, gente que sube… la miro, es bonita, más que bonita, es fina, es blanca, tiene unos ojos claros, una mirada un tanto nerviosa… me imagino que es abogada, o doctora, o ejecutiva, porque el traje es fino, porque tiene un anillo con una joya de verdad, no de esas de la calle, eso lo sé porque las conozco, y me mira cuando no la miro, es la 8ª vez que hace eso, las he contado, yo la miro de nuevo, su pelo castaño claro, sus facciones finas, oigo ahora a Queen, ella está cerca mío, imagino que escucha lo que yo escucho cuando el vagón se detiene y su ruido no entorpece mis ondas sonoras, estoy en lo mío. Hace rato que estoy solo. Que estoy libre, que soy un nuevo hombre, pero solo. Imagino que no quiero esa soledad, imagino que tal vez ella y yo… en un mundo paralelo, porqué ella no se fijaría en alguien como yo, tan cuatro ojos, tan de negro, tan ajeno al mundo de ella que da miedo. La gente sube y baja, de pronto ella llega a mi lado acomodándose de los empujones, me mira, me sonríe, yo le respondo, me dice algo, que linda, seguro no es a mí, escucho de nuevo a Mikel Erentxun, me mira, me sonríe, me habla, es a mi quien habla, me saco un audífono, su voz llega a mi mientras el vagón vuelve a moverse. Su voz, que linda, me pregunta si me conoce, le digo que no, sonrío, ojala así fuera, se allega a mí violentamente porque alguien más empujó. Es la hora punta, hora de mierda, hace calor, me dice que me conoce de algún lado, la miro a los ojos, tiene algo familiar, aparte de su belleza, me pregunta si no soy “Klaus”, le digo que ese es mi nombre, sonríe, entonces nos conocemos, me dice, la miro mas, sonríe, por la cresta que es linda, que es fina, que es bien hablada. Me siento mínimo ante ella, como un perro de la calle frente a una perrita de raza, otro empujón, se afirma de mi brazo, le pregunto su nombre, me dice que Bernardita… que si no estudie ahí, me dice, y vuelvo 15 años en el tiempo… no sé su nombre… le digo que disculpe, pero no recuerdo, que soy malo con los nombres, cuando no es así, la miro, por la cresta que es linda, y fina, y que bien huele, es un perfume caro, como su ropa, como su anillo y su cartera. Que pololeaba con Fernando, me dice, tu amigo del taller de música…
Un torbellino de recuerdos me inunda, y sale su rostro de entre la niebla. Y recuerdo a mi amigo, que no era tan amigo, y recuerdo que él murió poco antes de terminar la carrera que seguíamos, que lo habían atropellado a la salida del instituto, y me muerdo, le digo que perdona, ya me acuerdo, ¿A dónde vas? Me dice, que en realidad a ningún lado, y ella, que voy a casa, si la acompaño, que está sola porque su hijo está en el colegio todavía y que es temprano… le digo que sí, no se porqué, no puedo decirle a una mujer que no. Nos bajamos en Escuela Militar, conversamos de la vida, de las cosas, de lo que hemos hecho, me dice que se acuerda de mi porque andaba siempre callado, que con una guitarra o con un libro, que qué es de Carola, mi ex de esa época, que no sé, le digo, no duró mucho eso… salimos del metro, me dice que su depto queda cerca, no pregunto en qué trabaja, me dice con alegría que me veo bien, que no pasa el tiempo por mí, la miro, por la cresta que es linda, que suerte tenía ese Fernando con las mujeres, lástima que se haya muerto… le pregunto que qué hace, dice que es ejecutiva de un banco, buena plata, pero mucho trabajo… caminamos por la avenida, la tarde es fresca, mis audífonos hace rato que suenan solos porque me los saqué. Caminamos un par de cuadras hacia adentro de la avenida y llegamos a un edificio de departamentos. Se ve contenta ella, entramos a su edificio, me siento raro, todo esto es raro, yo entrando a un edificio de esos caros y con piscina acompañado de una hermosa joven ejecutiva, y yo con esta pinta de metalero que no dejan entrar a un mall por miedo a que proteste o qué se yo . Es un lindo edificio, con piscina y todo, me dice que hace poco vive ahí, que disculpe el desorden, que no encuentro cuando entramos al fin a su depto, el 33-A en el 3er piso, tiene linda vista, a la calle, es pequeño pero acogedor, me sirve una lata de cerveza, que me relaje, que si quiero más saque no más del freezer, que hay de sobras, que va y viene, y pienso obscenamente en una escena porno con ella en su cama, escena que borro de mi mente con un sorbo de la fría beer. Mejor dejar eso a otros, me digo.
Estoy calmado pero atento, todo esto es muy raro, miro las fotos, los libros, me sorprendo de ver una foto del Fernando con ella a los 15 entre los libros, saco uno de Jodorowsky, sonrío, y me acuerdo que con ella conversábamos del tarot, de Jodorowsky, de metafísica, y que luego llegaba Fernando y nos reíamos, y que Fernando no entendía de esas cosas, era hombre muy práctico, metido a la matemática y la física, mientras yo estaba de cabeza en la música, las protestas y la literatura. Con Bernardita conversábamos de estas cosas, y de otras, y cómo no la fui a reconocer, porque en esa época ella era otra, fina, hermosa y bien hablada como ahora, pero joven, joven, llena de sueños y de metas impuestas por sus padres, no por ella, metas que viéndola ahora había alcanzado, dejando atrás a los de la clase, a los de nuestra generación, que terminaron de vendedores de grandes tiendas, de mecánicos, de milicos o de contadores venidos a menos… pero ella, siempre inteligente, siempre mirando pa delante, ahora con un depto, ahora con ropa fina, con un buen puesto, y seguramente con un buen sueldo que no imaginaba yo con mi sueldo de bohemio y soñador. Finalmente salió de su pieza, con otra ropa, siempre tan fina ella, siempre sonriendo, me pregunta si me acuerdo de lo que hablábamos entonces, de lo que soñábamos, de lo que creíamos, me toma la mano, me lleva a su mini bar, se sirve un poco de vodka naranja, mire que fina ella, se sienta a mi lado, me hace sentar a su lado, reímos, me relajo al final, cae la tarde, me pregunta por Fernando, por su perdida, por lo que pasó al final, me acuerdo lo que pasó al final, en su funeral al que llegué tarde, en el que no hable, en el que hablaron todos, hasta ella, que lloraba de esa manera, alguien la consolaba, no era yo ese alguien, era otro de los amigos de Fernando, y una amiga también creo. Me dijo que hubiera querido que fuese yo el que la consolaba, porque era yo el más cercano a ellos, no esos hueónes, me dice molesta un poco, la miro, es tan linda, tan fina, y recuerdo a Fernando, diciéndome que tuviera cuidado, en broma eso sí, de que ella era demasiado perfecta, que tenía miedo de terminar con ella, porqué era única, y yo, que no le pusiera tanto, que no debía ser así, porqué él la admiraba, no tan solo la amaba con ese amor juvenil de esas épocas, la admiraba, su fuerza, su inteligencia, su entereza, su belleza que opacaba a otras por lo fina, por lo dama, por lo bien educada, y nosotros como quiltros, desordenados, locos, risueños, recordaba también los viajes por la ciudad con ellos, la lluvia, porque parecía como que llovía siempre en el pasado, las tardes en el Normandie, donde él se dormía, y ella lloraba con la última escena de Blanc abrazada a mi brazo que se dormía con lo fuerte que lo agarraba, y luego nos separábamos, ellos se iban por su lado, yo por el mío, ellos a diox sabe dónde, yo a mis tocatas y mas caminatas por las calles grises… entonces conocí el tabaco, la pipa, a Tolkien en una rueda del Instituto chileno norteamericano, y así fueron pasando esos años, terminé lejos de todo eso, de ellos, de ella, cuando Fernando murió, cuando ella se fue del instituto, cuando yo partí al ejercito, y así fueron pasado los años, borrando las caras, borrando las voces, y luego estaba ella, ahora, frente a mí, hablándome de él, del pasado, de lo hecho, de lo que no…
Luego el silencio. Luego una mirada, afuera comenzaba a llover. Mire que destino más de mierda, como si algo evocara en el presente mis propias memorias oxidadas. Nos miramos en ese silencio enorme. Me preguntó si estaba con alguien, que no, le digo, hace rato terminé un matrimonio que no trajo mas que dolor. Que me estaba como sanando, que de nuevo estaba en lo de la música, sonríe. Tan linda ella. Sonríe. Me toma la mano. Quiero besarla. ¿Cómo no querer besar esa boca tan tierna, tan suave?... sonríe. Me acaricia la cara, se acerca a mí y me abraza, y llora. ¿Dónde estuviste?, me pregunta, ¿Dónde te habías metido tanto tiempo? Y llora, y llora y quedo desnudo ante ella, y no sé qué decir, ni que hacer más que acariciar su pelo tan perfumado, llora, y me mira, y sonríe, y nos hundimos en un beso lleno de dolor, de culpa, de vacío, de ternura olvidada…
© 2009, Klauss Demon. Derechos reservados. "Pohibida su reproduccion total o parcial."
Tambien puedes leer mis otras historias y poemas en: http://www.textale.com/klauss-demon/
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